Pierre Rogers comparte su historia de fracaso.
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Le pasó a Pierre. Construyó una startup que amaba, apareció en Forbes y CNBC, y levantó 2 millones de dólares. Entonces, las señales de alerta comenzaron a acumularse. Una de ellas estaba en su propio equipo.
La historia de Pierre nos recuerda que el fracaso no siempre empieza con una gran decisión. A veces, empieza con las cosas que decidimos tolerar.
¿Quieres saber cómo terminó todo? Sigue leyendo…
Esposo, padre y emprendedor. Pierre Rogers pasó 15 años en el sector financiero en Bank of America y Prudential antes de dejarlo todo para empezar de nuevo. Después de haber aparecido en Forbes y dirigir una startup en crecimiento, llegó a perderlo todo y pasó 18 meses en una prisión federal, reconstruyó su vida y cofundó una nueva empresa.
Hoy habla sobre resiliencia, reinvención y lo que realmente nos enseña el fracaso.
Pierre: En 2018, me di cuenta de que, sin importar a qué tienda de vinos o licores entrara, ya fuera en Portland, Maine, o Portland, Oregón, la mayoría de las marcas eran exactamente las mismas.
Y eso me hizo pensar: ¿por qué?
Finalmente, decidí crear una empresa de software para la venta de vino que transformara la industria. Levantamos alrededor de 2 millones de dólares y nos pusimos manos a la obra.
Teníamos todo lo necesario para construir una startup exitosa y, muy rápido, llegamos a tener el inventario de vino en línea más grande, o al menos uno de los más grandes, de todo Estados Unidos.
Puse todo en mi startup. Todos mis ahorros y todo lo que llamo mi capital reputacional. No tenía un plan B, y eso terminaría saliéndome muy caro.
Pierre: A medida que crecíamos, la presión aumentaba. Mis jornadas de trabajo eran cada vez más largas y avanzábamos a un ritmo cada vez más acelerado.
Finalmente, contraté a alguien para encargarse del cumplimiento normativo, las finanzas y el crecimiento. Desafortunadamente, confié en la persona equivocada. Contraté a mi mejor amigo y le di el control total de las operaciones.
Después, la mayoría del equipo empezó a acercarse a mí individualmente, uno por uno, para decirme que él no estaba dando la talla.
Llegaba tarde. No estaba dando el apoyo adecuado y no era lo que necesitábamos en una posición de liderazgo.
¿Qué hice yo? Fallé por completo en darme cuenta de que ese era el momento de charlar con esa persona, hacer ajustes, darle feedback, ayudarlo a mejorar y supervisarlo adecuadamente.
Pierre: Nunca lo voy a olvidar. Eran las 3 de la mañana. Estaba en un hotel en Honolulu, Hawái, a oscuras, con el aire acondicionado a todo lo que daba, y el teléfono sonaba.
Era mi esposa. Su voz temblaba. Estaba increíblemente alterada. En cuanto la escuché, temí que hubiera ocurrido algo terrible.
Me dijo que estaban ahí para arrestarme.
Mi cabeza empezó a dar vueltas. No tenía idea de qué iba a pasar conmigo, con mi empresa o con mi familia. Todo era una destrucción absoluta.
Hubo una serie de pequeñas red flags a lo largo del camino y no vi ninguna. No gestioné ni supervisé adecuadamente a esa persona porque dejé que mis sentimientos personales se involucraran. Finalmente, eso llevó a la caída de la empresa.
Se presentó una acusación federal debido a esas actividades ilegales que yo no supervisé. La empresa fracasó, fui condenado a prisión y todo por lo que había trabajado se derrumbó de la noche a la mañana.
Cumplir mi condena, separado de mi familia, fue una de las experiencias más devastadoras de toda mi vida.
Pierre: Después de mi liberación, tuve una revelación muy profunda.
La verdadera responsabilidad empieza por ser completamente vulnerable, admitir que no lo sé todo, que la cagué y que asumo el 100% de la responsabilidad por todo lo que pasó.
Y quiero que eso quede muy claro. Aquí hay una sola persona responsable, y soy yo.
Empecé a compartir mi historia porque la gente necesita entender que el fracaso no es el final.
Un fracaso público, un derrumbe público que no aceptas, no es el final de tu historia.
Aunque puede cerrar una puerta, en realidad te obliga a atravesar la puerta en la que siempre debiste estar. Es la razón por la que tienes un lugar en la mesa.
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Editado por
Ricardo Guerrero
Transformemos nuestra percepción del fracaso y utilicémoslo como catalizador del crecimiento.