Algunos fracasos son visibles. Otros ocurren en silencio.
.png)
En esta historia, Marcus Brown comparte cómo la presión por aparentar éxito, combinada con una creciente crisis de salud mental, lo llevó a uno de los momentos más oscuros de su vida; y cómo, finalmente, se convirtió en un punto de inflexión.
Advertencia: Esta historia incluye una conversación sobre suicidio y un intento de suicidio.
Si estás en peligro inmediato o estás pensando en hacerte daño, contacta de inmediato a los servicios de emergencia de tu localidad o a una línea de apoyo para crisis y prevención del suicidio. Puedes encontrar apoyo local en findahelpline.com. Si es posible, considera contactar a alguien de confianza y permanecer con esa persona mientras recibes ayuda.
El fracaso es un moretón, no un tatuaje.
Esta historia llega a ti gracias a Fuckup Nights Munich. No te pierdas más historias como esta; mantente al tanto de sus próximos eventos.
Marcus John Henry Brown es speaker coach y fundador de Speakery, un estudio de coaching para speakers en Taufkirchen, cerca de Múnich. Pasó veinte años trabajando en consultoría y publicidad digital, los últimos como director creativo. También obtuvo reconocimiento internacional como artista de performance, creando obras sobre la cultura corporativa.
Hoy, su propósito es ayudar a las personas a mostrarle al mundo quiénes son realmente cuando presentan. Trabaja con speakers en lo que hay detrás de una charla, no solamente en cómo la presentan, y su propia experiencia con el burnout y la depresión influye en cada sesión.
Marcus: Para mí, el fracaso es una desconexión entre tu verdad y lo que proyectas al mundo exterior. Los errores ocurren rápido; el fracaso se va colando poco a poco.
Marcus: En ese momento tenía 33 años y era un profesional de negocios en un puesto senior dentro de una empresa internacional.
Era 2004. Por fuera, parecía un hombre de negocios: trajes elegantes, el celular más nuevo. ¡Incluso tenía cabello en ese entonces! En el exterior parecía que tenía todo bajo control, pero por dentro luchaba con la desconexión entre mi verdad y lo que mi trabajo me exigía.
Cada reunión, llamada y presentación distanciaba más a quién era realmente yo y lo que mi trabajo me pedía hacer, hasta que todo estalló.
No encontraba las palabras para describir lo que estaba pasando. Me daba demasiada vergüenza y terror que descubrieran lo que me estaba pasando. Simplemente sobrevivía día a día, hasta que la fachada finalmente se vino abajo.
Marcus: Me habían pedido que hiciera una presentación de emergencia para un cliente que estaba furioso con mi jefe y todavía más enojado conmigo. Simplemente no pude hacerlo. Me escapé. En el estado de crisis en el que me encontraba, algo que hoy parece tan pequeño se había vuelto impensable.
Estaba tan mal que los pensamientos suicidas habían comenzado a sentirse como una parte normal de ser un gerente senior en una empresa global.
Había llegado al límite de mi capacidad para lidiar con el estrés. La falta de una cultura de salud mental en Alemania en 2004 significaba que ni siquiera tenía el vocabulario para decirle a alguien lo que estaba pasando.
Una presentación me rompió. Prefería morir antes que darla, así que, en lugar de ir a la reunión, me dirigí hacia las colinas que rodean Frankfurt.
Marcus: El momento exacto ocurrió en una carretera rural desierta a las 3:30 a.m., en una noche de invierno terriblemente fría, cerca de Königstein.
Mi auto de alquiler se había descompuesto. Mientras el mecánico de asistencia en carretera cerraba el cofre y me preguntaba si todo estaba bien, mentí descaradamente, sonreí, firmé el formulario y esperé a que se fuera.
En ese silencio, rodeado de nieve, con una vista panorámica de Frankfurt a lo lejos y mirando un viejo y retorcido árbol en medio de un campo nevado, me di cuenta: “Esta vez, de verdad la cagué”.
Me sentía completamente solo.
Había pasado tres o cuatro horas en un campo nevado intentando quitarme la vida en un árbol. Lo intenté tres veces y fracasé. Finalmente, me senté debajo del árbol a beber una botella de Jim Beam que había comprado en una gasolinera.
Mi familia, colegas y amigos intentaban desesperadamente contactarme. Les mentí a todos. Incluso al mecánico, un extraño que se había dado cuenta de que algo no estaba bien, le insistí en que estaba perfectamente “bien”.
Si estás en peligro inmediato o estás pensando en hacerte daño, contacta a los servicios de emergencia de tu localidad o a una línea de crisis y prevención del suicidio. Encuentra apoyo en tu país en findahelpline.com y, si puedes, contacta a alguien de confianza.
Marcus: Dos semanas después de mi intento de suicidio, la empresa me despidió. Me tomó años, de 2005 a 2012, procesar aquella noche bajo ese árbol.
10,773 personas se quitaron la vida en 2004. Hoy agradezco no haber sido una de ellas. No estoy orgulloso de haberlo intentado.
Es una historia jodida. Es dolorosa. Es una historia que alguna vez me controló, pero ahora es mía. Yo soy dueño de ella y asumo la responsabilidad.
En ese momento no lo sabía; de hecho, me tomó casi veinte años darme cuenta de que fue el momento decisivo de mi vida.
No soy médico. No soy experto en salud mental. No soy terapeuta. Soy simplemente un speaker coach. Pero puedo ayudar.
Mi verdadero propósito en la vida es ayudar a las personas a alinear la razón por la que se levantan cada mañana, su trabajo, con lo que dicen cuando se paran frente a una audiencia con un clicker en la mano.
Quiero ayudarlas a entender quiénes son realmente y a encontrar alegría y optimismo en todo lo que hacen, dicen y aspiran a lograr.
💡 En conclusión
Editado por
Ricardo Guerrero
Transformemos nuestra percepción del fracaso y utilicémoslo como catalizador del crecimiento.