Yuliia Berhe comparte su historia de fracaso.
.png)
Yuliia huyó de Ucrania a causa de la guerra, esperando que su estancia en Alemania fuera temporal. Tras muchos años trabajando en comunicación, pensó que eso le ayudaría a integrarse en la sociedad.
En cambio, se encontró con un choque cultural brutal que la llevó a cuestionar no solo sus capacidades profesionales, sino incluso su propia identidad.
¿Qué sucede cuando el ego profesional que impulsó tu éxito deja de encajar de repente en el entorno que te rodea?
Sigue leyendo para descubrir su historia.
Yuliia Berhe es una profesional de Marketing y Comunicación, además de escritora, con más de 15 años de experiencia liderando proyectos de comunicación, contenido y estrategia en corporaciones y empresas privadas de Alemania, Ucrania, Oriente Medio y Asia Central. Paralelamente a su carrera profesional, la escritura ha sido siempre una pasión personal, llevándola a descubrir el storytelling como algo mucho más profundo que una simple herramienta de negocio.
Yuliia: Es el punto en el que algo deja de funcionar como antes y te obliga a cambiar. Es incómodo, doloroso e incluso humillante, pero también es uno de los momentos más honestos que puedes experimentar.
Te muestra dónde has dejado de crecer, dónde tus antiguas formas de actuar, hábitos y creencias ya no coinciden con tu realidad. Elimina las ilusiones y te deja frente a algo muy simple y muy real: la necesidad de adaptarse.
Yuliia: Había construido una carrera en marketing y comunicación durante muchos años, tenía dos títulos universitarios con honores y una gran confianza en mí misma. No me cuestionaba. Vivía en mi propia burbuja. Era arrogante, segura de mí misma y estaba encerrada en mi forma de pensar. Creía entender cómo funcionaban las cosas, pero en realidad estaba mucho más limitada de lo que podía ver.
Mis expectativas no eran pequeñas. Quería seguir creciendo y desarrollando mi carrera. Estaba convencida de que era una profesional excepcional, una estrella llena de ideas y energía para llevarlas a cabo.
Pero entonces apareció la incertidumbre por primera vez en mi vida. Primero fueron mis problemas de salud física y mental. Después, el cáncer de mi madre, la guerra en Ucrania, la metástasis de mi madre, la huida a Alemania, la integración en una nueva sociedad, y finalmente la muerte de mi madre.
Para entonces, todo era inestable, pero yo seguía intentando aferrarme a alguna versión de mí misma.
Trataba de reconstruir mi vida y mi carrera en Alemania sin perder mi identidad profesional. No se trataba sólo de encontrar trabajo o adaptarme a un nuevo país. Estaba intentando demostrarme que podía atravesar todo aquello y seguir siendo la misma persona.
Yuliia: Esperaba que todo lo que había construido en Ucrania (mi experiencia, mi educación y mi trayectoria) me ayudara a salir adelante. Pero por primera vez en mi vida me sentí como la persona más tonta en la habitación.
Todo lo que sabía dejó de funcionar. Todo aquello en lo que era fuerte no parecía ser necesario en esta sociedad. Mis ideas y mi visión no resultaban interesantes; ni siquiera eran comprendidas.
La realidad fue brutal. Lo había perdido todo. Y lo digo literalmente. En un país nuevo me sentía como una nadie, simplemente una persona con una etiqueta en la frente: refugiada.
Lo que estaba en juego no era solo un empleo. Era mi identidad, mi dignidad y mi sentido de quién era. No estaba intentando únicamente reconstruir una carrera; estaba intentando demostrar que seguía siendo más que todo lo que me había ocurrido.
Yuliia: No hubo un momento dramático y único. Fue algo silencioso, casi invisible desde fuera, pero muy evidente por dentro. Ocurrió a través de la repetición.
Confiaba en mi inglés pensando que era suficientemente bueno, pero por primera vez en mi vida me di cuenta de que, comparado con el de mis colegas alemanes, era limitado. Y definitivamente no era suficiente para expresar mis pensamientos de la manera a la que estaba acostumbrada. Mi alemán era inexistente y ambas carencias afectaban todo: la comunicación, la confianza y mi presencia.
Recuerdo estar sentada en reuniones, escuchando, intentando seguir la conversación y comprendiendo sólo fragmentos. Y al mismo tiempo, sabiendo exactamente lo que quería decir. Las palabras parecían equivocadas, incompletas, más débiles que mis pensamientos.
Cuando conseguía intervenir, en lugar de obtener una reacción, las personas simplemente me miraban sin responder realmente, como si lo que acababa de decir no hubiera sido significante.
Ese fue el choque con la realidad. Poco a poco me estaba volviendo invisible. No era algo escandaloso, pero sí imposible de ignorar.
Fue entonces cuando entendí que aquello no era una incomodidad temporal. Era un fracaso
Yuliia: Debajo de todo aquello también apareció un momento de honestidad. Pude ver que algo necesitaba cambiar y que no podía seguir así. Era doloroso, pero era real.
Escuché una voz interior muy clara: quizá esto no sea un fracaso; quizá sea una oportunidad para cambiar y avanzar. Quizá la Yuliia que fui ya está desactualizada y esa versión ya no me sirve. Quizá sea el momento adecuado para aceptar esta lección e incluso agradecerla.
Yuliia: Dejé de repetirme que aquello era temporal y que las cosas se arreglarían solas. Tuve que admitir que no estaba continuando mi antigua vida; estaba construyendo una nueva. Y eso requería habilidades diferentes, comportamientos distintos y una mentalidad nueva.
Empecé por cosas pequeñas. El idioma se convirtió en una prioridad. Comencé a escuchar mucho más, a observar cómo se comunicaban las personas, cómo se tomaban las decisiones y cómo funcionaban los sistemas. Dejé de intentar demostrar constantemente quién era y empecé a intentar comprender.
Requirió paciencia y no fue un proceso claro ni estructurado. Fue largo e incómodo. Y, sinceramente, sigo en él, porque aprendemos durante toda la vida y el crecimiento nunca termina.
Ahora estoy bien con no ser la mejor, la más inteligente o la perfecta. Me convertí en alguien nuevo: más consciente, flexible, realista y honesta conmigo misma. Más abierta y adaptable.
Yuliia: "Mi experiencia y mis fortalezas no son universales. Necesito adaptarlas a un nuevo contexto."
💡 FuN: Lo que impulsa el éxito en un entorno puede no funcionar en otro. Fomenta la adaptabilidad, el aprendizaje continuo y la conciencia cultural para ayudar a los equipos a navegar el cambio de forma más efectiva.
Yuliia: "Necesitas ir más allá de tu zona de confort y de tus miedos, incluso cuando resulte incómodo."
💡 FuN: El crecimiento rara vez ocurre dentro de límites familiares. Crea entornos donde la experimentación, el aprendizaje y la toma de riesgos calculados sean posibles sin miedo al fracaso.
Yuliia: "La incertidumbre puede ser un espacio poderoso para el cambio, el crecimiento e incluso la belleza."
💡 FuN: Los periodos de incertidumbre pueden desbloquear innovación y transformación. Los líderes que abrazan la ambigüedad con apertura y claridad ayudan a sus equipos a adaptarse con mayor resiliencia y creatividad.
Yuliia: "El colapso no te destruye; destruye tu ego y tu zona de confort para impulsarte hacia adelante."
💡 FuN: Los contratiempos pueden desafiar nuestras suposiciones y acelerar el crecimiento. Las organizaciones que entienden el fracaso como un proceso de aprendizaje desarrollan líderes más conscientes de sí mismos, adaptables y resilientes.
Editado por
Ricardo Guerrero
Transformemos nuestra percepción del fracaso y utilicémoslo como catalizador del crecimiento.