¿Perder 200,000 euros o trabajar en una tienda de ropa? Esa fue una pregunta difícil que Richard tuvo que hacerse junto a su socio hace algunos años.
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Esa fue una pregunta difícil que Richard tuvo que hacerse junto a su socio hace algunos años.
Este mes te traemos una historia destacada de nuestra edición especial de Fuckup Nights junto a e-Estonia el año pasado.
Sigue leyendo para conocer su fuckup…
Richard Morla comenzó su carrera en marketing y se lanzó al emprendimiento casi por casualidad. Desde entonces, ha creado cuatro empresas y vendido dos. Primero fue una editorial de revistas, luego una tienda de ropa. Después, sin saber programar, una startup tecnológica que fracasó. Ahora está al frente de una empresa de desarrollo de apps que vendió a una gran consultora, y sigue dirigiendo un equipo de 75 personas.
Richard: Para mí el fracaso no es tanto que un proyecto salga mal o que una empresa no funcione. Fracaso es darme cuenta, con el tiempo, de que tomé una decisión para encajar en lo que se esperaba de mí, por miedo o por comodidad. El fracaso también luce como no intentar algo, sabiendo que debiste hacerlo, o quedarte demasiado tiempo en un sitio que ya no encaja conmigo.
Richard: Dirigía una editorial exitosísima, con ocho revistas y 3,000,000 de euros facturados. Tenía una vida bastante divertida, con la que soñaba cuando era pequeño. Pero empezaban a haber algunas discusiones con los socios. Yo ya no estaba muy convencido de lo que hacíamos y después de hablar con ellos, se ofrecieron a comprar mi parte.
En ese momento sentí tristeza porque me gustaba la vida que tenía, pero también entendí que en esos casos es mejor fluir y que las cosas pasen. Luego de vender mi parte me dije: ¿Qué sueño cumplo yo ahora?
Tomé un MBA maravilloso en China y Estados Unidos. Ahí conocí a mi amigo Fer, con el que siempre hablábamos durante el máster de montar algo juntos. Pero tampoco sabíamos qué.
Al regresar a España veo la noticia de una marca de ropa inglesa que iba a abrir operaciones aquí: Superdry. Conocíamos la marca por una mega tienda que visitamos en Times Square cuando estábamos en Nueva York. Era una marca que nos molaba mucho.
Escribimos un mail, nos llaman al momento. Al día siguiente estábamos viajando de Valencia a Barcelona para charlar con ellos.
Era una inversión de 150,000 euros, con ganancias de 50,000 al año. En tres años tendríamos amortizada toda la inversión inicial. El resto del tiempo nos enseñaron los números y tenía mucho sentido. No nos íbamos a hacer millonarios, pero era una cantidad buena.
Pusimos la pasta que teníamos. Yo tenía el dinero de haber vendido mi parte de la editorial y a él le podían dejar algo sus padres. La verdad es que era una idea fantástica. Firmamos el contrato de franquicia, firmamos nuestra empresa y nos pusimos a montar nuestra tienda.
Richard: Encontramos en Valencia un local súper chulo, al que le hicimos una reforma brutal. Hicimos alrededor de 40 entrevistas para conseguir cuatro personas con experiencia. Y fuimos a Barcelona para elegir toda la ropa de esa temporada.
En unos meses teníamos todo preparado para el día de la inauguración.
Nos fue increíble. La inauguración había petado, estaban todos nuestros amigos y mucha gente. Vendimos un montón. Al día siguiente, Fer y yo nos vamos a desayunar. El equipo ya había empezado y nosotros llegamos al local como a las 12 de la mañana, y nos lo encontramos así:
Seguro lo ven todo perfecto, todo colocado, pero el problema era ese, lo encontramos así, sin nadie, sin gente. ¿Cuánto se había vendido? Una camiseta.
Nosotros dijimos: “Bueno. Es de mañana aún. Es normal que igual no haya gente. Vamos a esperar un poquito.” Nos metimos en el almacén y empezamos a tranquilizarnos el uno al otro, era el primer día aún.
Pero el segundo día estaba parecido. El tercero también, el cuarto igual… Y cuando acabó el primer mes, habíamos perdido 10,000 euros.

Richard: Hablamos con la franquicia, nos decían que esperáramos un poco más, que tuviéramos paciencia. Pero es que tampoco teníamos dinero para aguantar esa paciencia.
Pasaron unos meses más y habíamos perdido 50,000 euros. Entonces se nos plantean dos opciones. La primera era cerrar y perder 200,000 en total. Como si hubiéramos sacado una hipoteca de 30 años para comprar una casa y se hubiera quemado. Teníamos que buscar un trabajo e ir pagándolo. Yo sólo me preguntaba ¿cómo va a ser así? No puede ser que la hayamos cagado tanto.
Fuimos por la segunda opción: reducir los gastos al máximo, despidiendo a todo el equipo.
Richard: Ahí estábamos, Fer, un ingeniero informático, y yo, de Marketing, que ganaba 50,000 euros al año, ganando 200 euros al mes. Por suerte los padres de Fer tenían un piso en un pueblo de Valencia y me dejaron vivir allí.
Fue muy duro. Había pasado de mi máster en Estados Unidos y de creerme Dios a que ese fuera mi día a día: en el almacén la mitad del tiempo, etiquetando ropa, poniéndole alarmas, limpiando la otra mitad del tiempo y atendiendo a la gente. Yo decía que era un fracasado.
Creía que la había liado para siempre. Estaba con los humos bastante bajados.
Richard: Nos dimos cuenta de que no teníamos ni puñetera idea de aquel negocio, ni del público. Pusimos atención y descubrimos algunas cosas. A los niños de 13 y 14 años les gustaba mucho la ropa. Los turistas eran una gran oportunidad de mercado. Y que los clientes repetían si se les trataba excepcionalmente bien.
Así que empezamos a hacer acciones de marketing encaminadas a ese público que ya conocíamos, así como algunas campañas con influencers.
La tienda siguió durante unos cuantos años y conseguimos pagar toda la deuda, no ganar dinero, pero sí pagar.
Luego llegó la pandemia, y tuvimos que cerrar. No me voy a detener mucho en esto porque ya estábamos hasta las narices de la tienda. Así que decidimos finalmente cerrarla luego de 10 años. Hicimos una gran fiesta el último día, invitamos a toda la gente que de alguna manera había participado, ex-empleados, amigos y familia.
Celebramos como un adiós. Y al día siguiente, bajamos por última vez la persiana de la tienda. Con mucha pena, pero con muchos aprendizajes.
Richard: “No lo apuestes todo a una sola carta.”
💡FUN: La resiliencia es más efectiva cuando no depende de un solo elemento. Desarrolla a tu talento y a tus equipos de forma transversal, de modo que las habilidades, el conocimiento y la capacidad de respuesta no recaigan en una sola persona o proyecto. Lo mismo aplica para herramientas, procesos y software, esto evita puntos únicos de falla.
Richard: “No te metas en un negocio si no tienes ni puñetera idea.”
💡FUN: Antes de tomar riesgos en una inversión, escala o proyecto, asegúrate de comprender el modelo, los riesgos involucrados y los recursos disponibles para ejecutarlo. Compartir este conocimiento con el equipo ayuda a alinear el mindset colectivo y facilita la toma de decisiones en todos los niveles de la organización.
Richard: “Conoce a tu público.”
💡FUN: Diseña políticas, procesos y espacios pensando en la diversidad de tu equipo. No todas las personas aprenden o se motivan de la misma manera. Escuchar activamente a tus stakeholders permite comunicar mejor y ofrecer el apoyo adecuado, especialmente en momentos de incertidumbre o crisis.
Recuerda, nuestros canales están abiertos a cualquier duda, queja, feedback o colaboraciones en: rich@fuckupnights.com.
Editado por
Ricardo Guerrero
Transformemos nuestra percepción del fracaso y utilicémoslo como catalizador del crecimiento.