Cómo Montserrat Fernandez Blanco llevó Fuckup Nights a Italia para romper el tabú del fracaso y crear un espacio de catarsis colectiva.

¿Alguna vez has sentido que la historia que nos cuentan sobre el emprendimiento está incompleta? Esa incomodidad fue exactamente lo que detonó esta historia.
En 2010, Montserrat abrió uno de los primeros espacios de coworking en Italia con unos amigos. Era el boom del mundo startup y la influencia de Silicon Valley: la idea de que emprender era algo increíble y heroico.
Pero en el día a día del coworking, Montserrat veía otra realidad. Proyectos que atravesaban enormes dificultades y empresas que no funcionaban. Existía una narrativa triunfante donde todo giraba alrededor del éxito y de escalar, pero nadie hablaba de los proyectos que morían ni del impacto emocional en las personas.
La pregunta que casi se volvió una obsesión: ¿por qué no dejamos espacio al fracaso?
Buscando respuestas, Montserrat encontró a Fuckup Nights, que estaba empezando en México. Desde el inicio, el escenario en Milán no se limitó. Por ahí han pasado figuras públicas como Roberto Saviano, médicos de familia, funambulistas, sociólogas y científicas.
Montserrat suele bromear diciendo que es una "buscadora de fracasados", pero encontrar a estas personas ha sido una experiencia transformadora. Hay una frase que los speakers le repiten constantemente en privado: "Nunca le he contado esto a nadie."
Ahí reside el poder del movimiento. Hemos construido una sociedad donde sentimos que las partes más vulnerables de nosotros deben permanecer escondidas, incluso de nuestros seres queridos. Fuckup Nights rompe ese tabú.
Cuando alguien sube al escenario a compartir su historia sin filtros, en el público ocurre un ejercicio de espejo. Se genera una vibración especial en la sala: una sensación de alivio, liberación y catarsis colectiva. Las personas descubren que el fracaso no es solo un lugar de vergüenza, sino un lugar profundamente humano.
En lo personal, liderar este espacio le extendió la vida a Montserrat. Muchas de sus relaciones más importantes nacieron aquí, incluyendo a su actual socia, a quien conoció tras invitarla a ser speaker.
De todos estos años, hay una historia que se quedó grabada. Sarah Amatuzio, una exitosa directora de arte de Nueva York que había trabajado para Oprah Winfrey, subió al escenario. Pero no habló de su carrera.
Habló de lo que nunca hizo.
A sus veintitantos, tenía el talento y a un productor listo para lanzarla como estrella de rock. Pero sintió un miedo tan abrumador a fracasar que abandonó el sueño por completo.
Veinticinco años después, en el escenario de Fuckup Nights, Sarah pidió hacer algo inesperado: quería cantar una canción propia sobre el fracaso. Montserrat, aterrorizada por si el público reaccionaba mal, pensó: "Si en la Fuckup Nights no corremos riesgos, ¿dónde si no?".
El resultado fue pura magia. Mientras cantaba, el público se conectó profundamente a través de una misma pregunta interna: ¿Qué he dejado de hacer en mi vida por miedo al fracaso?
Esa necesidad brutal de hablar con honestidad es lo que explica los números del capítulo:
Después de una década demostrando que aún necesitamos espacios para mirarnos con menos miedo, el consejo de Montserrat para quien esté pensando en tomar una licencia en su ciudad es directo y claro:
"Que no se lo piense más, go! 😉"

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Transformemos nuestra percepción del fracaso y utilicémoslo como catalizador del crecimiento.