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Síndrome del Impostor: ¿Y si se descubre mi secreto?

El síndrome se manifiesta cuando dudamos de nuestra capacidad para reconocer nuestro valor y logros, atribuyéndoselos a factores aleatorios.

By:
Vanessa López
Síndrome del Impostor: ¿Y si se descubre mi secreto?

Artículo complementario al Curso 4: Perfeccionismo, procastinación y Síndrome del Impostor

¿Y si se descubre mi secreto?

¿Has sentido que estafas a alguien ante algún logro importante? Este sentimiento se puede presentar de formas diversas, a veces rechazando cumplidos, o deseando que no se descubra que no sabemos lo suficiente. Antes abordamos el tema del perfeccionismo y la procrastinación y cómo a partir de las expectativas de género, históricamente se nos ha limitado de compartir nuestro potencial, o a sentirnos cómodas con ello. Pero, ¿qué pasa con ese secreto que tememos se descubra?, podría ser el síntoma de algo mucho más complejo…

En Psicología nombramos “síndrome” a un conjunto de síntomas que se manifiestan en las personas y que normalmente suponen efectos negativos. El ya algo conocido “síndrome de la impostora”, acuñado así en los 70’s por las psicólogas Pauline Clave y Suzanne, quienes identificaron una tendencia en mujeres socialmente percibidas como exitosas, que expresaban no sentir ser brillantes y por el contrario, que habían engañado a cualquier persona que pensara lo contrario. Este síndrome podría explicar por qué sentimos que el secreto que guardamos (ser impostoras) puede estropear, potencialmente, ideas u oportunidades, sintiendo culpa por no cubrir un estándar.

Podría parecer sorprendente que medio siglo después estos síntomas sigan siendo experimentados, por estadística, por 3 de cada 4 mujeres. El síndrome se encuentra cerca cuando dudamos de nuestra capacidad para reconocer nuestro valor y logros, atribuyéndoselos a factores aleatorios o de suerte, que nada tienen que ver con nuestras habilidades. Esto representa una desvalorización a nuestras elecciones y por lo tanto, a nuestra toma de decisiones.

Existe otro concepto, el “órden de género”, que se refiere a la determinación de lo aceptable, aquello que se permite. A lo largo de la historia de la humanidad este órden ha favorecido al género masculino, aceptando socialmente el dominio del mismo sobre las diversidades. El voto es un ejemplo de este órden. Es por ello que no resulta ilógico pensar que estas conquistas “conflictivas” para muchas mujeres emprendedoras, sean el resultado de una carga históricamente atribuida a lo masculino. En este sentido, ¿el perfeccionismo y la procrastinación podrían ser respuestas automáticas a este órden?

Algo relevante en el síndrome, es que se vive como una constante reprobación hacia una misma, con una pesada angustia de que eventualmente nuestras limitaciones intelectuales saldrán a la luz y quedaremos expuestas como unas fracasadas. Que todos se enterarán de que ese contrato de trabajo se firmó únicamente porque a la anterior persona entrevistada (quien tenía mucha más experiencia que yo) no le interesó el puesto y decidió no continuar con el proceso de reclutamiento, y no porque yo cumpla con los requisitos de la descripción.

La cultura nos ha permeado de estereotipos que sin darnos cuenta, buscamos cumplir con tal de sentirnos aceptadas y validadas. Quizá nos ha llevado a callar cuando no hemos estado de acuerdo con alguna decisión. Tal vez a pensar por horas todo lo que pudimos haber contestado a un colega que opinó de experiencias que nunca ha vivido. O a cuestionar hechos que conocemos de manera clara porque nuestra credibilidad se vio invalidada.

También nuestra historia personal puede influir en cómo nos presentamos frente a los otros. En un mundo donde se nos ha enseñado que las personas se califican a partir de las mejores caras, fotos, empleo y parejas. Resulta difícil no recordar constantemente que no somos lo suficiente adecuadas para merecer el éxito, como quizá sí lo es ese colega soltero y buena onda, o esa amiga inteligente y serena. Y en ese vacío de cuestionamiento, es que nos comparamos con versiones de nosotras que son simplemente ajenas y que nos alejan de nuestras capacidades reales.

Al hablar de un síndrome están implícitos otros tantos síntomas. Si se aborda desde lo emocional, es un hecho que la motivación y el miedo juegan procesos importantes para la toma de decisiones. Cuando estos factores se juntan, pueden haber efectos desestabilizadores. No es casualidad que los diagnósticos de depresión y ansiedad sean dos veces más frecuentes en las mujeres que en otros grupos poblacionales. Por ello es conveniente reconocer las guías sobre las cuales nos hemos conducido, pues nos permite contactar con nuestras creencias y las acciones que dirigimos hacia éstas.

El teórico y psicoterapeuta Albert Ellis reconoció que ante las situaciones que vivimos, existen creencias e interpretaciones que se han construido a lo largo del tiempo, las cuales no precisamente son lógicas o basadas en datos objetivos. Por ejemplo, pensar que por fallar una vez, todas las veces que lo intente será igual y por lo tanto, renunciar a ello. Ellis las denominó como creencias irracionales, al punto que dificultan lograr los objetivos que nos proponemos. Si estas interpretaciones son las que le dan sentido a nuestro mundo, puede ser más fácil comprender cómo van configurando al ya mencionado síndrome, al perfeccionismo o a la procrastinación.

A la mayoría de las mujeres se nos ha socializado desde niñas, incluso desde antes de nacer, que debemos guardar apariencias, ser educadas, aliñadas y cuidadosas. Que antes de observarnos a nosotras mismas, hay que ver a quien tenemos enfrente, y si es un hombre, ser cordial y servicial. Esto puede llevarnos a competir contra otras y limitarnos de escuchar otras posibilidades e ideas. Sin embargo, también a reconocer que es un sentir colectivo, y por lo tanto, aliviar.

Abrazar el síntoma Como hemos repasado a lo largo del módulo, el pensamiento binario y las ideas irracionales tal vez han estado presentes en nuestra conciencia por mucho más tiempo del que recordamos. Nos han acercado a ciclos que bloquean nuestra toma de decisiones, actuando sin pensar o dudando de nosotras mismas. Posiblemente de ahí ha surgido el miedo de aceptar nuestras capacidades, o también la supuesta imposibilidad de desenmascarar nuestros defectos y límites, esos que tenemos todos los seres humanos.

Un primer paso puede ser abrazar el síntoma, pues ceder a compartirnos desde lugares vulnerables posibilite abrir una puerta para tomar riesgos y crear. Emprender en un mundo que fomenta ideas irracionales puede resultar amenazante, pero no por ello nos convierte en impostoras eternas. Quizá que se descubra nuestro secreto abra la posibilidad de propiciar tranquilidad y creatividad, sobre ansiedad y exigencia.

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Fuentes:

https://www.researchgate.net/profile/Carlos-Amadeo-Garcia-Ayala/publication/264421119_Comprendiendo_la_procrastinacion_con_el_Modelo_ABC_de_Albert_Ellis/links/53dd8f6f0cf216e4210c1d57/Comprendiendo-la-procrastinacion-con-el-Modelo-ABC-de-Albert-Ellis.pdf

https://www.forbes.com.mx/forbes-women-3-de-cada-4-mujeres-padecen-el-sindrome-del-impostor/

https://www.paho.org/es/temas/salud-mentalhttps://www.gaceta.unam.mx/que-es-el-sindrome-del-impostor/

Clance, P. R., & Imes, S. A. (1978). The imposter phenomenon in high achieving women: Dynamics and therapeutic intervention. Psychotherapy: Theory, Research & Practice, 15(3), 241–247. doi:10.1037/h0086006

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