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¿Qué tan relevante es la educación universitaria?

En la era digital, la información es omnipresente y las habilidades son tan vitales como el conocimiento. Dónde queda la universidad en este contexto?

By:
Raquel Rojas
¿Qué tan relevante es la educación universitaria?

La paradoja de la enseñanza superior como institución es que puede ser una vía para la movilidad y el desarrollo personal, pero también debemos enfrentarnos a la realidad de su contribución al reforzar las desigualdades sociales. En la carrera por democratizar la educación y ampliar los planes de estudio, la interseccionalidad no ha cobrado la relevancia central que debería.

La educación universitaria ha sido objeto de escrutinio, ya que parece estar cada vez más desconectada de las demandas del mercado laboral. Es como hacer un sándwich con todo lo que tienes en el refri: puede resultar llenador, pero no necesariamente sabroso o nutritivo. Entonces, ¿cuáles son las alternativas a la enseñanza superior y qué pueden hacer las universidades para responder a las necesidades de la sociedad?

Breve resumen de la evolución de los estudios universitarios

¡Oh, las grandes universidades! Sus largas historias están salpicadas del auge y la decadencia de muchas áreas de estudio, de pioneros sabios y de la interminable búsqueda del conocimiento. Hubo un tiempo en que ir a la universidad era garantía de un trabajo seguro y bien pagado, un billete asegurado a la prosperidad. Te especializabas en un área de conocimiento, llenabas tu materia gris de hechos y teorías, y ¡listo! La vida está hecha, o eso parecía. La realidad es que los estudios universitarios han ido evolucionando, y no siempre de forma positiva.

Antes, el sistema era sencillo: las ciencias, las artes y las humanidades dominaban. Había Newtons explorando la gravedad y Shakespeares escribiendo obras de teatro. Los eruditos dedicaban su vida a comprender un campo elegido y luego transmitían esos conocimientos a sus alumnos, quienes, a su vez, los aplicaban en sus profesiones. Pero el mundo en que vivimos ahora no es tan complaciente con esta tradición. En nuestra era digital, la información es tan omnipresente como el aire, y las habilidades se están volviendo tan vitales como el conocimiento.

El mercado laboral ha pasado de funciones concretas y especializadas a un entorno más fluido y polivalente. Hoy en día, un ingeniero informático también necesita saber marketing; un médico puede necesitar nociones básicas de IA. Entonces, ¿dónde deja esto a nuestras queridas universidades? Desgraciadamente, un poco en el polvo. La estructura tradicional de la mayoría de los estudios universitarios se considera cada vez más rígida y desconectada de las realidades de la mano de obra globalizada. Es frecuente que las y los estudiantes salgan de la universidad con un título en la mano y sin estar totalmente preparados para las realidades de los sectores en los que desean desarrollarse.

La irrelevancia de los estudios universitarios en el mundo actual

Los viejos estudios universitarios: venerados, respetados y cada vez más… redundantes. Es un poco como esa antigua reliquia familiar apolillada que todo el mundo teme tirar, pero que nadie sabe muy bien por qué seguimos guardando. Antes de que los aficionados al mundo académico salgan a perseguirnos con picos y tesis doctorales en mano, tomemos un poco de perspectiva.

Al igual que la moda, la tecnología, las preferencias alimentarias y las tendencias de baile de TikTok, el mercado laboral también evoluciona. Hoy en día, los empleadores quieren ver algo más que un título; quieren habilidades prácticas, capacidad de adaptación, capacidad de innovación, inteligencia emocional, y la lista continúa. Les interesa más lo que sabes hacer que lo que sabes hacer. Es como decir: "Así que te sabes todas las reglas del fútbol, pero ¿sabes jugar de verdad?".

Lo cierto es que empresas tecnológicas como Google, Apple e IBM ya no exigen a sus empleados un título universitario. Parece que las habilidades son cada vez más valiosas que los diplomas. Bueno, eso tiene sentido: nunca hemos escuchado que un fallo catastrófico de un sistema se solucione agitando un diploma ante un servidor, a menos, claro, que se trate de un diploma en informática o algo relacionado.

No nos malinterpreten, nadie niega el encanto de los edificios cubiertos de hiedra y los debates filosóficos nocturnos con cerveza barata y pizza. Pero, en el mercado laboral hiperdinámico de hoy en día, la relevancia práctica de los estudios universitarios tradicionales parece difícil de defender.

Llegados a este punto, suponemos que quieres cifras concretas que lo respalden, ¿cierto? Al fin y al cabo, vivimos en la era de los datos. Hablemos del subempleo de los recién salidos de la universidad. Según el Banco de la Reserva Federal de Nueva York, la tasa de subempleo de los recién graduados en Estados Unidos ronda el 41%. Eso significa que casi la mitad de las personas que salen de la universidad con nuevos títulos están atrapadas en trabajos que no los requieren. 

Ah, ¿y hemos mencionado la cautivadora saga de la deuda de los préstamos estudiantiles? Los informes muestran que la deuda estudiantil media en Estados Unidos es de 37 mil 584 dólares por prestatario. Con esa cantidad de dinero se pueden comprar muchas pizzas y cervezas.

Si eres estudiante, no estamos diciendo que debas abandonar tus sueños de un título o posgrado universitario más rápido que una mala primera cita. La trayectoria de cada persona es única y, para algunos, la educación universitaria sigue siendo el camino ideal. Pero las estadísticas sugieren un cambio de relevancia, sobre todo si tenemos en cuenta que, según una encuesta de CareerBuilder, el 65% de los puestos de trabajo requieren habilidades especializadas que puedes adquirir fuera de un programa de estudios tradicional de cuatro años.

Ahora, si vives en un país donde la universidad es gratuita, ¡qué suerte! Más allá de lo que el mercado laboral actual exige de los graduados, hay un elefante en la habitación que aún no hemos abordado: el sistema de educación superior perpetúa la opresión sistémica. Analicemos cómo y por qué.

La historia de la educación superior y cómo su evolución ha contribuido a la opresión sistémica

Vayamos hasta tiempos remotos, cuando la educación superior tenía mucho menos que ver con las borracheras de los sábados por la noche y más con las charlas filosóficas en el ágora. Verás, en aquellos viejos y polvorientos tiempos, gente como el dulce Sócrates y su equipo eran entusiastas defensores del viejo mantra de "el conocimiento es poder". El problema era que también se entusiasmaban por mantener ese poder en manos de una élite reducida. La misma historia de siempre, ¿verdad?

Avancemos unos cuantos (cientos) de años y las universidades medievales no eran mejores. Imagínese esto: un grupo de monjes de mediana edad acurrucados sobre pergaminos, guardando el conocimiento sagrado como un Gollum con un anillo precioso. La educación era (es?) un privilegio, no un derecho, reservado exclusivamente a los ricos y bien conectados. ¿Y adivina quiénes no eran ricos ni tenían buenas conexiones? Cualquiera que no fuera un hombre blanco, predominantemente cristiano y adinerado.

Con el tiempo, las cosas empezaron a cambiar. Las mujeres y la gente racializada lucharon con uñas y dientes, codos y rodillas, para abrirse camino en la torre de marfil. Pero no nos pongamos nostálgicos: el juego seguía estando amañado. A medida que el acceso a la educación se generalizaba, también lo hacían las barreras sistémicas que mantenían a las personas marginadas en esta posición. Puede que la educación superior haya abierto un poco más sus puertas, pero el camino hacia ellas sigue estando sembrado de prejuicios, estereotipos y discriminación.

Seamos realistas: la educación superior sigue estando dirigida a unos pocos privilegiados y a los "físicamente aptos". Las barreras siguen siendo altas y robustas para las personas discapacitadas y neurodivergentes. Y, por desgracia, esta preferencia por los que no tienen discapacidades está entramada en el tejido de nuestra cultura educativa, contribuyendo a un legado de capacitismo.

El siglo XX trajo cambios, con el auge de los movimientos por los derechos de las personas con discapacidad y la accesibilidad. Sin embargo, la estructura de nuestro sistema de enseñanza superior, arraigada en siglos de tradición, siguió albergando prácticas y políticas capacitistas. Los horarios fijos, los espacios físicos rígidos, los exámenes estandarizados, la ausencia de adaptaciones como intérpretes de lengua de signos o formatos alternativos para el aprendizaje, además de los métodos de enseñanza de talla única, son sólo algunos ejemplos del capacitismo en el mundo académico. Hablando de métodos de enseñanza y opresión sistémica, ¿qué enseñan exactamente las universidades?

Cómo es que los planes de estudio de la enseñanza superior perpetúan la opresión sistémica

Los planes de estudio de la enseñanza superior, especialmente en los países occidentales y del norte global, tienen una larga tradición de marginar las voces no blancas, no cisgénero, no discapacitadas y no masculinas. Es el equivalente académico a un concierto de una boy band de los 90: dominado por hombres blancos, delgados y cisgénero.

La bibliografía de la mayoría de los libros de texto universitarios parece una lista de asistentes a una convención de hombres blancos privilegiados: nombres como Kant, Freud, Shakespeare y Darwin ocupan el centro del escenario, dejando poco espacio para voces diversas. Este desequilibrio sistémico va más allá de la mera falta de representación. Moldea la forma en que se comparte y se entiende el conocimiento, reforzando una única perspectiva que sigue privilegiando a un grupo sobre otro.

Casi todos los planes de estudio mantiene las mismas dinámicas y narrativas de poder de siempre, marginando las voces del sur global, de las personas queer y de las personas racializadas. En esencia, es una perpetuación de la opresión sistémica envuelta en una fachada de discurso intelectual.

Entonces, ¿estamos en un mundo poscolonial y posmoderno en el que se escuchan voces diversas? La respuesta es un rotundo "no" por parte del mundo académico. Hasta que los planes de estudios de la enseñanza superior no abandonen el club de fans de los hombres blancos cisgénero y abracen la diversidad, estaremos condenados a seguir cantando la misma vieja y aburrida canción. ¿O acaso hay alguna alternativa?

Alternativas a los estudios universitarios tradicionales

Cuando hablamos de romper moldes, solemos referirnos a desafiar el status quo, ir más allá de las ideas tradicionales y forjar nuestro propio camino. En el ámbito de la educación, esto significa explorar vías alternativas de aprendizaje más allá de la educación estándar en el aula. Cada vez es más necesario explorar estas vías alternativas, no como último recurso, sino como opciones viables y válidas para alcanzar el éxito. El sistema escolar tradicional, aunque eficaz para algunos, puede no funcionar mejor para todos. La diversidad inherente a los alumnos exige una variedad de enfoques pedagógicos que ofrezcan opciones sobre cómo, cuándo y dónde se aprende. Y aquí es donde entran en juego las vías alternativas al éxito en la educación.

Tradicionalmente, el panorama educativo ha estado dominado por un modelo monolítico de aprendizaje, en el que a los alumnos se les enseña el mismo plan de estudios, de la misma manera y al mismo ritmo. A menudo no se han tenido en cuenta los estilos de aprendizaje, los intereses y las aspiraciones de cada alumno. En cambio, las vías alternativas de educación ofrecen un enfoque más personalizado, integrador y flexible del aprendizaje. Abarcan una amplia gama de métodos de aprendizaje no tradicionales, desde la educación en casa y el aprendizaje en línea hasta la formación profesional y los colegios comunitarios. Estas vías no sólo proporcionan una experiencia de aprendizaje a medida, sino que también dotan a los alumnos de las habilidades prácticas necesarias para sus futuras carreras profesionales.

Este cambio de paradigma en la educación se basa en el concepto de "Diseño Universal de Aprendizajes" (DUA). Este principio postula que los entornos educativos y los planes de estudios deben ser flexibles y adaptables para dar cabida a las diferencias individuales de aprendizaje. Al aprovechar los principios del DUA, las vías alternativas a la educación superior ofrecen a los alumnos la oportunidad de estudiar de forma que se ajuste a sus intereses, capacidades y objetivos profesionales. Su objetivo es garantizar que el éxito educativo no se limite a una única vía tradicional, sino que sea accesible a través de múltiples vías adaptadas a las diversas necesidades de los alumnos.

La educación tradicional tiene sus méritos, pero no está exenta de defectos. El enfoque predominante “unitalla" ha dado lugar a menudo a lagunas de aprendizaje, en las que algunos estudiantes sobresalen mientras que otros tienen dificultades. El sistema actual también hace mucho hincapié en las notas y los resultados de los exámenes como principales indicadores del éxito académico. Esta estrecha medición pasa por alto otros factores importantes como la creatividad, el pensamiento crítico y las habilidades prácticas. Además, la educación tradicional suele descuidar los intereses y talentos individuales de los estudiantes, centrándose en cambio en un plan de estudios estandarizado que no necesariamente se ajusta a las aspiraciones profesionales de un estudiante ni le prepara para el futuro.

Cuando profundizamos en los beneficios de las vías alternativas al éxito, descubrimos un enfoque más holístico de la educación. Estos métodos proporcionan experiencias de aprendizaje individualizadas que se adaptan a los puntos fuertes e intereses únicos del alumno. Esto se consigue a través de experiencias concretas y prácticas que trasladan la teoría a la práctica, haciendo que el aprendizaje sea más relevante y atractivo. Por encima de todo, estas vías alternativas permiten una gran flexibilidad y personalización: los alumnos pueden estudiar a su propio ritmo, a horas convenientes e incluso desde la comodidad de sus hogares.

A menudo se pasan por alto numerosas vías alternativas al éxito en la educación. Por ejemplo, la formación profesional, que proporciona conocimientos prácticos y específicos de una carrera muy demandados en el mercado laboral actual. Otra alternativa es la formación en línea y a distancia, que ofrece un abanico de cursos y titulaciones accesibles a cualquier persona, en cualquier lugar del mundo. Por otra parte, también tenemos opciones de educación en casa y educación no escolarizada, que proporcionan un entorno de aprendizaje flexible y dirigido por los niños. Los colegios comunitarios y las escuelas de oficios también ofrecen una educación más asequible y centrada en la carrera profesional que las universidades tradicionales.

No faltan historias de éxito de personas que han roto moldes. Desde figuras masculinas blancas como Thomas Edison y Albert Einstein y multimillonarios como Mark Zuckerberg y Bill Gates, todos ellos tomaron caminos no tradicionales para acceder a la educación. En nuestras comunidades del Sur Global también podemos encontrar numerosos ejemplos de personas que han seguido con éxito caminos alternativos como la educación en casa, el aprendizaje en línea o la formación profesional. Estas historias son un poderoso testimonio de que la educación tradicional no es el único camino hacia el éxito.

A pesar de la multiplicidad de historias de éxito, las vías alternativas se encuentran a menudo con el estigma y la idea equivocada. Muchos creen que son inferiores a la educación tradicional o que limitan las perspectivas profesionales. Además, existe una enorme presión social para ajustarse a la vía convencional, lo que dificulta que las personas sigan caminos alternativos. A esto se añade la falta de recursos y apoyo a quienes desean aventurarse fuera de los caminos trillados de la educación.

Superar estos retos exige un cambio cultural en nuestra percepción de la educación. Tenemos que defender las vías alternativas, disipar las ideas erróneas y destacar sus ventajas. Es imperativo construir una comunidad fuerte y un sistema de apoyo para las personas que siguen estos caminos. Y lo que es más importante, encontrar mentores y modelos de conducta puede ser decisivo para guiar a las personas por el camino que elijan, aportándoles ideas de primera mano e inculcándoles un sentimiento de confianza y pertenencia.

Si estás pensando en seguir un camino educativo alternativo, debes tener en cuenta algunas cosas. Empieza por reflexionar sobre ti mismx: identifica tus intereses, puntos fuertes y objetivos profesionales. Investiga y explora las distintas opciones que tienes a tu disposición. Piensa en tu estilo y tus necesidades de aprendizaje. ¿Te desenvuelves bien en un entorno estructurado y presencial o prefieres un enfoque más flexible y a tu propio ritmo? Compara los pros y los contras de cada opción y toma una decisión con conocimiento de causa.

En conclusión...

El énfasis en las competencias por encima de los títulos puede democratizar el acceso a los buenos empleos. Es una oportunidad para quienes no tienen medios económicos para costearse una educación universitaria. Además, con la llegada de las plataformas de aprendizaje en línea, adquirir nuevas competencias nunca ha sido tan fácil, pero el reto actual es garantizar el acceso a todo el mundo, independientemente de sus ingresos. Los movimientos contemporáneos abogan por sistemas educativos más inclusivos y equitativos para corregir los pecados del pasado. 

La decreciente relevancia de los estudios universitarios presenta una oportunidad tanto para los educadores como para los estudiantes. Una oportunidad para reinventar la educación, para alinearla más estrechamente con las habilidades y conocimientos necesarios para triunfar en el siglo XXI. Una oportunidad para hacer que el aprendizaje sea más práctico, real, accesible, interseccional y enriquecedor. 

Las vías alternativas al éxito en la educación encierran un gran potencial para cultivar el talento individual y preparar a los graduados para las carreras del futuro. Es hora de pensar con originalidad y romper moldes. Aceptemos la diversidad de estilos de aprendizaje y ofrezcamos a todos las mismas oportunidades de éxito en la educación. Para construir un futuro en el que la educación sea realmente inclusiva y accesible, tenemos que defender vías alternativas y animar a los demás a hacer lo mismo.

A fin de cuentas, ya es hora de que reestructuremos nuestros planes de estudio, remezclemos nuestras bibliografías y creemos un escenario de voces más armonioso e inclusivo. El conocimiento no tiene fronteras. No permitamos que la narrativa lineal, patriarcal y eurocéntrica lo limite. Estamos en 2023 y el mundo académico tiene que ponerse al día. Si eres estudiante, sé tú el cambio que quieres ver en tu universidad. Al fin y al cabo, todos los conocimientos son válidos e importantes; ya es hora de que nuestras universidades lo reflejen.

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¿Qué tan relevante es la educación universitaria?
Raquel Rojas
Marketing & Comms Manager
Neurodivergent, antiracist, queer, feminist, vegan for the animals, mother, sister, lover, Mexican, immigrant. Fan of music festivals by the beach, gin tonics, and annoying people with her unsolicited unpopular opinions.
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