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Nuestro caballo de Troya avanza en el sector social

Nos gusta vernos como ese caballo de Troya que se infiltra en el sector social para cambiar la percepción del fracaso.

By:
Ricardo Castañeda


Este año ha sido una locura para Fuckup Nights. Hemos podido ser el caballo de Troya e impactar muchísimas organizaciones a nivel mundial. Algo clave de este año fue que empezamos, cada vez más, a impactar y escuchar esos fracasos en el ámbito social.

El pasado 13 de diciembre tuvimos la oportunidad de organizar, en colaboración con el Laboratorio de Aceleración del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en México, no sólo una Fuckup Night, si no también un workshop donde tocáramos a profundidad cómo el fracaso va más allá de los proyectos que no funcionan, y de las ideas que no permean. El fracaso también afecta nuestra percepción de la realidad, impacta de forma negativa nuestra confianza propia para lograr objetivos (síndrome del impostor) y muy específicamente no ayuda a construir espacios de seguridad psicológica.

Y con eso arrancamos ese día. Como eran las 9 de la mañana, tuvimos que cambiar el mezcal y las cervezas por fruta, pan y café. Pero eso no evitó que se tuvieran conversaciones profundas, auténticas y vulnerables.

Como cualquier encuentro con una persona (o concepto) que no se conoce o que no se es familiar, había un poco de escepticismo, un poco de miedo o quizás hasta un poco de rechazo. Es normal, hasta que llega un punto donde se rompe el hielo, donde la gente se empieza a involucrar y donde empieza, ahora sí, lo bueno de la dinámica, que es esa apertura a contar sus fracasos personales.

Al ser vulnerables enfrente de sus compañeros de trabajo y a reconocer, aunque sea por un momento, que con quienes colaboramos siguen siendo seres humanos y que la única forma en la que podemos alcanzar los objetivos como organización, es si nos conectamos en un nivel vulnerable de soporte, de apoyo y de aceptación que a veces la cagamos (algo totalmente natural en los humanos: equivocarse).

Al finalizar el workshop hicimos un pequeño debrief donde la gente comentó lo que le gustó, lo que no le gustó y lo que le gustaría que pasara después. Algunos reconocieron tener el síndrome del impostor y que no eran conscientes.

Otros aceptaron que se tiene que trabajar más para llegar a esos espacios de seguridad psicológica y otros más se comprometieron a trabajar mejor en la forma en la que se comunican con su propio equipo. Justo antes de que nos fuéramos a comer, una chica realizó la siguiente pregunta, con tono de escepticismo:

“Pues… muy bueno el workshop e increíble lo que estamos viviendo ahorita, pero… ¿cómo nos aseguramos de que esto no sea algo nada más de hoy y que se quede realmente para después?”

Estas, para mí, son las preguntas que auténticamente generan cambios. Era obvio que había un sentimiento de incredulidad.

La discusión que siguió a esa pregunta fue muy poderosa, porque se habló de acciones puntuales que se pueden empezar a hacer para generar un cambio en la cultura, reconociendo que este evento es el catalizador de conversaciones, más no una varita mágica para cambiar comportamientos que han sido normalizados por mucho más tiempo.

Justo en ese momento fuimos testigos de cómo luce un espacio de seguridad psicológica, existió la apertura de compartir ideas sin temor a ser juzgado y hubo un ambiente enfocado a buscar soluciones más que criticar o señalar culpables.

Después de una muy rica comida, llegaba la hora de escuchar fracasos full length y dar inicio a la Fuckup Night. Para esto, algunos aliados y colaboradores del PNUD también fueron invitados para escuchar en vivo y en directo algunos pequeños y grandes fracasos.

Uno de los principales miedos que tiene la gente al contar sus fracasos es el “qué dirán” o el posible rechazo que haya después de cometer algún error (y sobre todo, después de contarlo en público). Al terminar la segunda speaker, me conmovió mucho escuchar a una de las asistentes comentar en la sesión de preguntas y respuestas: “¡Si ya te admiraba antes de escuchar esta historia, ahora te admiro mucho más!”. Yo no sé si esa era la reacción que esperaba la speaker después de contar su historia, pero definitivamente la sorprendió.

Algo que me gusta mucho de Fuckup Nights es que se quedan muchas preguntas abiertas y la gente sale con una cara de alegría y confusión al mismo tiempo. El esconder nuestros errores y no mostrarnos vulnerables ante los demás, es un paradigma que se lleva formando en nuestra cultura desde hace mucho tiempo y romperlo de esta manera, obviamente lleva a muchas más dudas y reflexiones.

La principal reflexión que me llevo yo de este evento es lo importante que es cambiar mindsets en organizaciones que generan tanto impacto en la humanidad como las Naciones Unidas.

Me daba la sensación de que entre la gente que asistió al workshop, despertaba la necesidad y la esperanza de llegar a trabajar en un espacio donde pudieran ser ellos mismos, haciendo lo que más les apasiona, desarrollando su máximo potencial y descubriendo que la vulnerabilidad los acerca, más de lo que los separa.

Nuestro caballo de Troya avanza en el sector social

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