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No me hables, que me estreso: Conviviendo con el estrés

Te quedarás calvo. Te vas a morir. Todo el mundo tiene una opinión similar sobre el estrés. No solo es abrumador; es irónicamente estresante…

By:
Rich
April 5, 2022

Desde los 7 años me costaba prepararme en las mañanas. Me angustiaba dejar la comodidad de mi casa y enfrentar la exigencia temprana de mis profesoras y mi familia.

Mi apetito se convertía en náuseas, frotaba mis manos constantemente y las puntas de mis dedos se enfriaban. Me agobiaba no entregar buenos trabajos o no tomar bien mis apuntes. A veces me dolía tanto el estómago que, apenas iniciadas las clases, marcaban a casa para que me calmara.

Aunque con los años aprendí a disimularlo (y no marcar a casa), toda mi vida estudiantil fue muy parecida. Mi vida profesional no fue la excepción. El estrés siempre ha sido parte de mi vida y, en algún punto, lo llegué a ver como parte de mi personalidad.

Eliminar el estrés siempre me ha parecido tan absurdo como si a alguien le pidieran que dejara de ser alto.

Estresándome por estresarme

Te vas a quedar calvo. Te vas a enfermar del corazón. Te vas a morir. Si buscas en internet o le preguntas a cualquier profesional de la salud, te dirán algo similar sobre el estrés (algunas fuentes pueden ser más dramáticas que otras). Mucho contenido lo respalda, estudios, estadísticas, incluso charlas TED. No sólo es abrumador, es irónicamente estresante.

Si tú como yo tienes una suscripción vitalicia de estrés, sabrás que por más que te digan que “te estás matando”, no estresarse es imposible.

En este blog no te vamos a repetir las razones por las cuales no debes estresarte. Ya hay mucha información al respecto. Y precisamente eso nos hace preguntarnos: ¿Por qué nos seguimos estresando a pesar de todo este conocimiento?

Produce, produce, produce

Más repetitivo y predecible que la carrera cinematográfica de Nicolas Cage, el capitalismo es, nuevamente, el protagonista. En un sistema meritocrático, morir de estrés no parece tan terrible como ser improductivo y fracasado.

Tenemos una arraigada visión de que sólo la productividad nos traerá bienestar, e irónicamente esta búsqueda nos mete en un bucle de: estrés → bajo rendimiento → poca productividad → estrés → repetir.

Además de los conocidos efectos de las redes sociales en nuestra salud mental, siempre estamos expuestos a representantes mediáticos de la productividad. Influencers de día y emprendedores de noche (o viceversa). Gente bonita y ocupada con nuevos proyectos, giras mundiales, tours y marcas. Siempre de arriba a abajo y glorificando la incansable productividad infinita.

La Rat Race se implanta en nuestra cabeza desde distintos frentes. El estrés es el síntoma de una vida que supuestamente deberíamos vivir.

¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué?

l volver de la escuela, hacer la tarea era complicado por los jeroglíficos que tenía por apuntes. Y en una familia donde la excelencia académica era ley, la solución era arrancar y transcribir de nueva cuenta.

Crecer junto a un hermano mayor inteligente, con buenas notas y apuntes, puso en mí desde muy chico una exigencia que se perpetuó hasta hoy en día. Mi estrés es una respuesta ante la “amenaza” de no ser lo suficientemente bueno.

Una amenaza que también está en mis hobbies y proyectos personales. Se nos ha enseñado también a ser productivos en nuestros tiempos libres y monetizar nuestras pasiones.

Una pregunta poderosa contra todo ese estrés es el:¿Por qué? y qué mejor si nos la hacemos 5 veces:

-Estoy estresadx. -¿Por qué?

-Porque no he tenido tiempo de retomar mi proyecto personal. -¿Por qué?

-Porque debo hacer lo que me apasiona. -¿Por qué?

La intención no es provocarte una nueva crisis existencial. Pero llegar al centro de nuestras exigencias muestra lo absurdas que pueden ser.

Tampoco quiere decir que debas dejar de leer este blog ;), mandar al diablo a todxs en la oficina o salir corriendo. Hay responsabilidades que debemos cumplir para, ya sabes… ganar dinero y sobrevivir en este sistema. Pero debe haber alguna exigencia sobre tí, lista para ser cuestionada.

Las(s) solución(es)

Luego de que muchos artículos sobre salud mental nos diagnostican una futura enfermedad grave por estrés, nos aconsejan lo de siempre. Repite conmigo: Ejercicio, alimentación saludable, meditación, buenas horas de sueño, etc..

Requerí poner a prueba la paciencia de mi terapeuta, procrastinar durante meses y estresarme por esa misma procrastinación para empezar a practicar nuevos hábitos. ¡¿Cómo voy a dejar mi trabajo y proyectos personales para sólo sentarme a respirar y meditar?!

Es importante también darse un tiempo para esto. Si tú no te das tiempo, nadie más lo hará.

Por algo todxs (incluyéndome) recomiendan esas prácticas, pero no perdamos de vista que:

  • Es importante reflexionar sobre lo que nos estresa:
    Ejercitarse, comer saludable y practicar todos esos hábitos son la medicina que tomamos impulsivamente contra una enfermedad como es el estrés, pero no buscamos prevenirla. Identificar y cuestionar lo que vemos como amenazas es el inicio de un cambio sustancial. La terapia con un profesional de la salud mental también puede facilitar este proceso de reflexión ;)

  • Ser más sinceros ayuda:
    -¿Cómo estás?
    No muy bien, estoy estresado.
    Compartir nuestra situación puede significar una reducción a tu carga de trabajo, o un mejor balance con tu vida profesional. Nos muestra más reales ante lxs demás y nos pone en un plano más humano y vulnerable; rompemos ese impecable pedestal de productividad inalcanzable.
  • Intenta hacer sólo una cosa significativa en tu día:
    El multitask es sólo una fórmula para el desastre. Las montañas de tareas se conquistan progresivamente. Tachar de tu lista un gran pendiente menos, es satisfactorio al final del día.
  • El estrés es inevitable:
    De hecho, tiene una razón de ser, y esta es prepararnos para sobrellevar ciertas situaciones de “supervivencia” o de escape. Irónicamente, “luchar” contra él genera… más estrés, y no debería ser así. Hay situaciones de las que podemos prescindir y elegir si les damos el poder de controlarnos. Algo así como “hacer las paces” y elegir las batallas.

El estrés tampoco se irá nunca, pero saber que no es parte de mi personalidad fue un paso importante para detenerme a analizarlo. Así pude identificar algunas de las exigencias que lo provocan. Y tú, ¿cuál es el origen de tu estrés?

Editado por Santiago da Silva Évora


No me hables, que me estreso: Conviviendo con el estrés

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