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Expectativas: Controlar o dejarse controlar

No tenemos control absoluto sobre las cosas que nos suceden, mucho menos sobre otras personas o eventos. Conoce cómo manejar tus expectativas.

By:
Ailyn
June 16, 2021

En algún momento de mi vida empecé a tener ataques de ansiedad al intentar hablar inglés. Al momento de participar en algunas juntas o convivencias en la oficina, en mi interior se generaba una gran incomodidad, comenzaba a sudar, a sentirme insegura y ansiosa.

Por más que supiera qué decir al momento de hacerlo, mi cerebro se paralizaba, estaba tan nerviosa que sentía como temblaba mi voz y muchas veces no me salía ni una sola palabra de la boca.

Mi frustración empezó a crecer, y tratar de explicarlo sin yo misma entenderlo complicaba las cosas. Aunque tenía toda la formación y los conocimientos para tener conversaciones en inglés, muchas personas pensaban que simplemente no sabía hablar el idioma, o que era un comportamiento de timidez sin razón aparente. Pero para mí era un súbito recordatorio de que hablar en inglés era algo que siempre saldría mal y no lograría a la perfección.

Un ataque de ansiedad es complicado de diagnosticar, por lo que es difícil que alguien más lo detecte, incluso tú misma. Esto no hace más que encerrarnos en la idea de que hay algo inexplicable dentro de nosotros que no nos deja lograr ciertas actividades. Es una sensación que por vergüenza, no hacemos el intento de explicarlo a otros.


Expectativas

Todos en algún punto, tenemos expectativas de algo, de alguien o de nosotras mismas. El problema es que no tenemos control absoluto sobre lo que nos pasa a nosotros. Muchas veces, mucho menos podemos controlar algo sobre otras personas o situaciones externas.

Steve Maraboli, autor e investigador del comportamiento, define las expectativas de la siguiente manera:


“Las expectativas alimentan la frustración. Es un vínculo nocivo hacia las personas, cosas y resultados que desearíamos poder controlar; pero no podemos.”

Es un deseo natural del ser humano poder tener un control total de todo, porque esto evita la incertidumbre, el miedo y la frustración. Es por eso que las expectativas están a la orden del día, son deseos constantes de control, difíciles de evitar y manejar.

Sin embargo, de todas las expectativas, las que tenemos de nosotras mismos son las peores. Hacer las paces con nuestras imperfecciones, errores y áreas de oportunidad es difícil por tonto que suene. Y se vuelve aún más complicado cuando son expectativas basadas en las capacidades que sabes que tienes, pero de alguna manera no terminas de hacerlo “bien”, no terminas de satisfacer ese modelo de “perfección” que te planteaste en la cabeza y se quedó para fastidiarte.

Tarde más de 3 años en mi vida en entender lo que me pasaba cada vez que intentaba hablar en inglés, porque si, yo soy un gran ejemplo de víctima de sus propias expectativas, donde la frustración era lo primero, luego venía la molestia y finalmente la decepción e impotencia de no lograrlo. ¿por qué?

Yo tenía que poder hacerlo “bien”. Ese “bien” está sujeto a todas esas expectativas que tienes internamente sobre ti y que al final no necesariamente tienes que cumplir. Debo confesar que aún tengo algo de esas expectativas dentro de mí, aunque hoy lo entiendo mucho más. Luchar contra tus propias creencias y paradigmas, que además se han desarrollado por años es complicado, pero no imposible.

La autocrítica a nuestro favor

Así que decidí resolver de una vez el problema, investigando y entendiendo más, y la realidad es que esta no es una situación única. Muchas personas viven a veces encerradas o bloqueadas por sus propias expectativas internas y externas. Un ciclo vicioso porque cuando hablamos de expectativas, nunca estarás satisfecho.

Hay una parte interesante de las expectativas, estas pueden impulsarte o motivarte [ENG] a lograr cosas cuando no estas realmente atado a ellas. Así como las expectativas pueden generar constantes autocríticas negativas al no cumplirlas, existen también autocríticas positivas.

Cuando somos autocríticos de forma negativa puede pasar lo siguiente:

  • Señalamos los errores en forma exagerada
  • Nos presionamos mucho a nosotros mismos con el “tengo que…”
  • Las expectativas son exageradas
  • Menospreciamos nuestros logros

Cuando nos autocriticamos de forma positiva es porque hacemos lo siguiente:

  • Tratamos de ser objetivos en la valoraciones que hacemos
  • Somos capaces de hacer críticas constructivas a nosotros mismos y buscar formas de mejorar
  • Buscamos motivarnos sin presionarnos
  • Decidimos afrontar lo que nos pasa sin verlo como un error, pensándolo como un hecho que podemos trabajar

Muchas veces yo misma pasé del lado autocrítico negativo al más negativo aún (si es que es posible) y eso no me hacía salir de mi círculo vicioso, hasta que entendí que eso era lo que estaba haciendo y aunque no me gustaba sentirme expuesta, decidí tratar de explicar mi problema a otros y eso me ayudó a escucharme a mí misma y entender lo mal que estaba llevando todo.

Podemos reeducar nuestra autoexigencia, podemos bajar esa presión constante que sentimos si nos enfocamos en trazar objetivos sin compararnos con los demás.

De esto trata la Experiencia Vicaria. Una forma de aprendizaje que de acuerdo con Albert Bandura, se trata de sustituir el comparar con observar a esas personas con habilidades muy similares o ligeramente superiores a las nuestras para aprender y obtener más información útil sobre nuestras propias capacidades. Por cierto, una técnica infalible para combatir el Síndrome del Impostor.

Estoy cansada de perseguir una perfección que cada día me doy cuenta que no tiene que existir, somos como somos y eso está bien. Claro que siempre hay espacio para mejorar y hasta cierto punto el buscar ser cada día un 1% mejor es bueno, siempre y cuando no generemos obsesiones por ciertas expectativas.

Parte de buscar un tipo de perfeccionismo refleja la falta de compasión con nosotros mismos y sabiduría.

Dentro de esa compasión debe haber flexibilidad para nosotros mismos. Siempre lo podemos hacer mejor, siempre puede haber una mejor versión, pero no significa que esa sea la versión que nosotros debamos dar mientras estemos satisfechos con lo que hacemos.

Podemos buscar satisfacción en dar lo mejor de nosotros, pero no en ser perfectos.

Editado por: Ricardo Guerrero Camacho


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